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30 septembre 2015

El segundo satélite de fabricación argentina Arsat-2 parte al espacio

par Javier Lewkowicz

 

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A un año de la partida del Arsat-1, para hoy está programada la salida del segundo satélite de telecomunicaciones fabricado en el país. Brindará servicios de televisión, Internet, datos y telefonía sobre IP en todo el continente americano.

El segundo satélite argentino de telecomunicaciones, el Arsat-2, será enviado hoy al espacio. Un cohete Ariane 5, de origen francés, que pesa casi 800 toneladas y mide 60 metros de alto, lo expulsará del planeta y luego el satélite emprenderá un viaje de casi 36 mil kilómetros a lo largo de tres días hasta llegar a la posición orbital 81 grados oeste. Desde allí estará en condiciones de brindar servicios en todo el continente americano, principal diferencia respecto del Arsat-1, acotado al territorio nacional. El Arsat-2 permitirá mejorar los servicios de televisión, Internet, datos y telefonía sobre IP que ya ofrece su predecesor y también realizar operaciones con otros países. La inversión total del Estado en el segundo satélite de telecomunicaciones ascendió a 250 millones de dólares.

El lanzamiento, además de ser un evento extraordinario en sí mismo, tiene el condimento de realizarse en un país tan exótico como parecía en su momento la apuesta de Néstor Kirchner por el desarrollo satelital. La base espacial de la Unión Europea funciona desde 1975 en Kourou, a 50 kilómetros de Cayenne, capital de la Guayana Francesa, uno de los pocos enclaves coloniales todavía en pie en la región, junto a las Islas Malvinas. Este territorio limita al sur con Brasil y al norte con Surinam, ex colonia holandesa, y forma parte del Estado francés (y de la Unión Europea) como « departamento de ultramar » desde 1946. Kourou está a 500 kilómetros de la línea del Ecuador, cercanía que no es casual, porque sobre el eje ecuatorial la rotación del planeta es más veloz y por ello la puesta en órbita del satélite requiere menor cantidad de combustible. Ese insumo es el principal determinante de la vida útil del satélite, porque en el espacio no hay posibilidad de recargar el tanque. En este país la selva domina casi todo, salvo los enclaves poblacionales, que reúnen apenas 200 mil personas, y la base espacial, que explica por sí sola el 15% del PBI.

El Arsat-2, a través de sus tres antenas, tendrá cobertura en todo el continente americano, desde Canadá hasta la Antártida. Su puesta en funcionamiento consolida el posicionamiento de Argentina en el desarrollo satelital. En el camino hacia adelante está el enorme desafío de trasladar el conocimiento adquirido al mercado, es decir, ofrecer servicios o incluso vender satélites. Argentina, junto a Estados Unidos, Alemania, Francia, Rusia, Japón, India y China son los únicos países con desarrollo de este tipo de artefactos.

El proyecto satelital nació en manos de la dificultad. Es otro ejemplo de aquello de redoblar la apuesta que caracterizó a varios de los proyectos más importantes del kirchnerismo. En 1991 el gobierno argentino había asignado a la empresa Nahuelsat, un consorcio alemán-italiano, la provisión y operación de dos satélites. El primero fue puesto en la órbita que hoy ocupa el Arsat-1 en 1997, pero el segundo, fechado para 2003 por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, ni siquiera había sido construido para ese momento. Con Gran Bretaña al acecho por esa posición orbital, el gobierno de Kirchner logró una prórroga, alquiló un satélite provisorio y encaró el proyecto de desarrollo nacional satelital. El Arsat2 ocupará esa segunda posición orbital, ubicada en 81 grados oeste.

La fabricación del Arsat-2 costó 250 millones de dólares y estuvo a cargo del Invap, la sociedad del Estado de la provincia de Río Negro, con sede en Bariloche. Se necesitaron siete años para el completo desarrollo del Arsat1, mucho menos para el segundo. Desde 2003, el Invap cuadruplicó su plantilla de personal, mientras que Arsat la duplicó en apenas dos años. Las incorporaciones en su mayoría son de trabajadores jóvenes calificados recibidos de la universidad pública. Precisamente, una veintena de técnicos de ambas empresas están en la Guayana Francesa desde hace semanas preparando junto a los empleados de Ariane todo lo necesario para que el despegue y la expulsión del satélite apenas sale de la Tierra sean exitosos. Algunos de ellos estarán hoy dentro de la pecera del Salón Júpiter, el principal centro de comando de la base espacial, controlando las condiciones del satélite. Los demás, en las gradas a modo de hinchada, como sucedió el año pasado, con banderas de Argentina.

El Gobierno espera que el Arsat-2 siga los pasos del Arsat-1, enviado al espacio hace casi un año, con resultados satisfactorios en la prestación de servicios. Prácticamente toda la televisión digital que se ve en el país proviene de la señal emitida por el Arsat-1, que ya recibió casi todos los clientes que operaban en el satélite AMC6, que el país antes alquilaba. El Arsat-1 costó 270 millones de dólares y permite obtener ingresos por 50 millones de dólares al año, cuando antes se gastaban 25 millones en alquiler. La llamada « ventana » que abre la posibilidad del lanzamiento comienza a las 17.30 hora local (la misma que en Argentina) y cierra a las 19.30. El Arsat-2 compartirá su viaje con el australiano Sky Muster y el lanzamiento podrá verse a través de la TV Pública.

Javier Lewkowicz para Página 12

Página 12. Desde Kourou, Guayana Francesa

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