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11 février 2019

El odio, un flagelo neoliberal

El odio es más antiguo que la civilización.

par Nora Merlin

 

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El neoliberalismo [1] destruyó casi todo : la economía, la cultura, la ciencia y la tecnología, pero el mayor daño realizado, el más difícil de revertir, resulta la promoción e instalación social del odio. Los medios de comunicación concentrados, la voz del poder, estimulan el odio que el neoliberalismo necesita para permanecer. Neoliberalismo-odio constituye una relación indisoluble, en la que sus términos se retroalimentan.

El neoliberalismo, basado en la tiranía angurrienta de un poder totalitario y concentrado, pretende un goce absoluto sin distribución y al servicio de minorías privilegiadas. Un sistema en el que la mayoría no entra y funciona como un dispositivo que descarta, mientras produce cultura de masas. Requiere de un consenso social obediente y uniforme que, tomando consistencia en el odio-pasión, está dispuesto a la ofrenda sacrificial de una parte de la sociedad a la que segrega para beneficio de otra parte minoritaria : neoliberalismo y odio operan juntos.

La segregación se fundamenta en el odio que consiste en el rechazo a cualquier forma de gozar que sea distinta a la « propia, única y verdadera ». Un goce Otro resulta insoportable, es rechazado, surge un odio- pasión que intenta destruir al objeto. La masa neoliberal, instrumento del poder, precisa descartar cruelmente a los más indefensos y a los que no pertenecen a la ligazón : el poder transforma a los opositores al régimen en enemigos amenazantes, promoviendo hacia ellos el odio social. El poder neoliberal segrega dejando afuera a las mayorías, alimenta ideales racistas, xenófobos y machistas, estimulando un sadismo extremo hacia los « otros ». Promueve el odio expresado como desprecio al pueblo y sus líderes ; convierte el conflicto político en una lucha entre corruptos y decentes, degradando la democracia a una guerra entre dos bandos enemigos. Junto con el odio instala un clima de inseguridad y un sistema de creencias que funcionan como certezas, a fuerza de la repetición de imágenes-signos que justifican la represión y la violencia.

La imposición que realiza el poder es invisible, el veneno inoculado va directamente a la afectividad de la subjetividad, sin mediación racional, y se expande por contagio e identificación formando el sentido común. El resultado es una sociedad colonizada compuesta por odiadores seriales que repiten frases-signos, un rebaño asustado que obedece los deseos del amo demandando mano dura y orden.

El neoliberalismo, nueva forma de totalitarismo, ganó terreno a través del uso instrumental del odio, un derivado pulsional capaz de debilitar democracias y destituir gobiernos bajo el modo de golpes institucionales. El poder judicial y los medios de comunicación concentrados son los principales agentes encargados de inocularlo, avanzando en lo que constituye una cruzada antidemocrática y destructora del tejido social.

El odio es más antiguo que la civilización. La novedad consiste en su ascenso junto con el avance mundial del neoliberalismo y la concentración mediática que este supone. Ambos desarrollan un verdadero bullying (acoso) social, una violencia psicológica, verbal, material y física contra determinados sectores de la sociedad. El desarrollo tecnológico permite que el odio-pasión se difumine por las redes, whatsapps y medios de comunicación, como un veneno contagioso que se entrama en los múltiples aspectos de la vida social y forma un tejido neoplásico de células malignas.

El neoliberalismo conduce al odio, a la violencia, a la indiferencia hacia los demás, al poder del más fuerte y a la guerra de todos contra todos. Será necesario un cambio de modelo, una democracia inclusiva en la que entremos todos y que promueva lazos exentos de hostilidad. Habrá que apelar a Eros pues, como afirmaba Freud, todo aquello que establezca vínculos amorosos actúa contra la guerra.

Eros, un amor político como el que nos legaron las Madres [de la plaza de Mayo], que constituya una barrera permanente, una resistencia cultural que diga « No al neoliberalismo ». Tendremos que producir una pedagogía de la solidaridad que establezca lazos amistosos y permita la libre circulación de pensamientos, discursos, pasiones y cuerpos que se politizan ilimitadamente.

Nora Merlin* para Pàgina 12. Buenos Aires, 7 de febrero de 2019.

*Nora Merlin. Psicoanalista. Magister en Ciencia Política. Autora de « Populismo y psicoanálisis » y « Colonización de la subjetividad ».

El Correo de la Diaspora. París, 12 de febrero de 2019.

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Notes

[1En su sucursal argentina, el gobierno de Cambiemos...

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