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4 février 2015

« El ciberespacio es una zona sin ley » Daniel Ventre

par Rafael Poch*

 

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« Los estados no se sienten limitados, prefieren militarizar el ciberespacio », afirma Daniel Ventre [eConflits], especialista en ciberseguridad del CNRS francés. « Todo lo que afecta a esos personajes es cuestión de espionaje y seguridad nacional », dice sobre Wikileaks

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El ciberespacio es un terreno ajeno al derecho y los estados no parecen muy preocupados por remediarlo, dice Daniel Ventre, investigador del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS) y titular de la cátedra de Ciberseguridad y Ciberdefensa de las escuelas militares de Saint-Cyr Coëtquidan del ejército francés. Ventre es uno de los autores del último Vanguardia Dossier, dedicado a la ciberguerra, que se presenta mañana en Madrid. Cualquier conflicto armado tiene hoy una dimensión cibernética, explica. La ciberguerra abarca desde acciones militares para restar capacidades al adversario hasta manipulación de las redes sociales.

Las propuestas de políticos y comunicadores norteamericanos de asesinar a Julian Assange o Edward Snowden, los dos años de refugio del primero en una embajada en Londres y del otro en Moscú, los 35 años de prisión para Chelsea Manning y otros disidentes, ¿forma todo eso parte de la ciberguerra ?

Sí, porque todo lo que afecta a esos personajes es cuestión de espionaje y seguridad nacional. Se ha divulgado información secreta. La potencia en el ciberespacio se basa en el secreto. Un Estado que quiera ser ciberpotencia debe rodearse de secreto. Es algo que vale para otros ámbitos militares. Con Assange y Snowden estamos en el terreno de la seguridad nacional y en la periferia de las cuestiones de ciberguerra.

¿Existe, o debería existir, en el ámbito del derecho una especie de Convención de Ginebra en materia de ciberguerra ?

Hace tiempo que hay reflexiones sobre si debe aplicarse el derecho internacional. Unos dicen que sí, otros que no, pero el hecho es que no hay ningún derecho que enmarque ese ámbito. Se actúa de forma egoísta ignorando en parte el derecho sabiendo que en las ciberoperaciones militares raramente hay víctimas. Los Estados no se sienten limitados por el derecho y se centran en explorar las posibilidades guerreras del ciberespacio. Puede que cambie.

Estamos, pues, en un espacio salvaje. ¿Cree usted que el derecho, que es algo que se desarrolla de una manera muy lenta, podrá algún día atrapar a la tecnología digital que evoluciona y se desarrolla a una velocidad, digamos, estratosférica ?

Desde hace veinte años se constata que la tecnología avanza mucho y el derecho no. No es una cuestión de juristas, sino de definición, de cooperación internacional. Son los estados los que marcan el juego y de momento no están dispuestos a entrar en ello. La tecnología va por delante, pero se pueden hacer leyes que la anticipen. En Francia tenemos una de 1988 que prohíbe ataques e intromisiones, y que se aplica hoy en los casos de pirateo informático. Sea cual sea la tecnología, hay principios que se mantienen por encima de ella.

Desde las revelaciones de Snowden, que han demostrado que Estados Unidos ha creado el sistema de vigilancia más grande de la historia, y de Assange en su último libro, que presenta a Google como una empresa de ese sistema, ¿cree usted que se puede seguir sosteniendo que el peligro de un control orwelliano se sitúa en países como China o Rusia ?

El peligro de control está en todas partes...

Como posibilidad, sí, pero ¿en la práctica...?

En la práctica está en todos los Estados que se dotan de tecnologías de vigilancia. Naturalmente su efectividad depende de su capacidad tecnológica, pero puede darse en países pequeños. El nivel de intrusión en la vida de los individuos depende de la utilización que se haga de los datos. Se puede tener cámaras de vídeo por todas partes sin que tenga consecuencias. La diferencia está en los factores que legitiman esa vigilancia. Por otro lado, podemos tener un país que hoy es democrático y que mañana no lo sea, puede haber cambios de régimen y es ahí donde se puede temer que esas tecnologías caigan en manos poco recomendables. Y eso vale para la ciberguerra. Se trata de reunir datos e informaciones sobre el enemigo, pero ¿quien será el enemigo de mañana ? Quizá los socios de hoy, estas cosas cambian.

Escribe usted en nuestro dossier que « Europa contribuye a la seguridad colectiva con su intervención en la gestión de crisis regionales por medio de la promoción de valores universales ». ¿Estamos ante el « fin de la historia », en la feliz era de la « guerra humanitaria » ?

Hoy estamos en la frontera de muchas cosas. Lo que pasa en Oriente Medio altera muchas certidumbres. El papel de los Estados, de Europa, de Estados Unidos... Hay muchas versiones contradictorias. Se nos dijo que los Estados ya no eran los actores dominantes de la escena internacional, ahora serían los actores no estatales, se nos ha dicho que la potencia de los ciudadanos, durante el periodo de las primaveras árabes, que la red social acabaría con las dictaduras, del fin de los conflictos territoriales... todas estas lecturas están siendo replanteadas. No hay nada firme.

Rafael Poch para La Vanguardia desde París

La Vanguardia. Barcelona, 4 de febrero de 2015.

* Rafael Poch, Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, 1956) ha sido veinte años corresponsal de La Vanguardia en Moscú y Pekín. Antes estudió historia contemporánea en Barcelona y Berlín Oeste, fue corresponsal en España de Die Tageszeitung, redactor de la agencia alemana de prensa DPA en Hamburgo y corresponsal itinerante en Europa del Este (1983 a 1987). Actual corresponsal de La Vanguardia en París.

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