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14 de diciembre de 2017

GANO ELECCIONES CONSTITUYENTES, REGIONALES Y MUNICIPALES

El chavismo y su tercera victoria electoral al hilo

por Carlos Debiasi

 

El gobierno bolivariano de Venezuela presidido por Nicolás Maduro enhebró el domingo su tercera victoria consecutiva. Esta vez fueron las municipales. La oposición, desconcertada, sólo atina a repetir que hubo fraude, sin ninguna prueba.

La primera victoria chavista de esta serie motivó la sorpresa y el odio de la oposición nucleada en la Mesa de Unidad Democrática. Fue el 30 de julio, cuando el 42 por ciento del padrón acudió a votar para los delegados a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), convocada por Maduro invocando el artículo 348 de la Constitución.

Fue sorpresa, incluso para muchos simpatizantes de Venezuela en el mundo, debido a que entre abril y julio la oposición había emprendido una campaña golpista de violencia callejera con un saldo de 125 muertos.

Aparentemente la oposición tenía un fuerte predicamento y control de las calles, con sus trancas y guarimbas, atentados explosivos contra las fuerzas bolivarianas y masivo apoyo de los medios de desinformación.

Por eso la sorpresa cuando la titular de la Comisión Nacional Electoral, Tibisay Lucena, certificó los elevados guarismos de la ANC. Era una creación del pueblo y el llamado formal lo había hecho el presidente en el acto del 1º de mayo.

Más de 8 millones de personas votaron, muchas jugándose la vida para llegar a los centros de votación. Y así eligieron a 364 representantes territoriales y 173 sectoriales. Los 8 restantes eran de pueblos indígenas y fueron elegidos el 1 de agosto en tres asambleas, respetando sus costumbres y tradiciones. La MUD boicoteó ese comicio, lo que realza la importancia de esa masiva votación. Y así fue que echó a andar la Asamblea presidida por la ex canciller Delcy Rodríguez, pensada para alumbrar un nuevo texto, afianzar la paz, las conquistas sociales y misiones solidarias de estos años de chavismo.

La aparición de la ANC comenzó a cambiar radicalmente el estado de ánimo del pueblo y la correlación de fuerzas entre el bloque bolivariano y el animado desde Washington. Cundió la división y desaliento en la MUD y se desplomaron las guarimbas y trancas, al punto de desaparecer. No hubo más muertos, linchamientos, incendios ni saqueos.

Segunda parte.

En buena medida aquel resultado fue influenciado por el mejoramiento de la situación económico-social, por ejemplo, el perfeccionamiento de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), para superar el desabastecimiento de productos de alimentación y otros. Ese flagelo es fogoneado por el empresariado privado que apuesta a la MUD e incluso a la intervención extranjera.

Justamente el segundo factor de aquella victoria puede ser la repulsa de los venezolanos a la injerencia de la administración Trump, que continuó las sanciones de Barack Obama y las profundizó en junio de este año. Los venezolanos pueden tener muchas críticas a su gobierno, por ejemplo a la burocracia, pero conservan conciencia patriótica para repudiar los intentos colonialistas. La cúpula de la MUD, en cambio, no la tiene. Jorge Borges, titular de la asamblea nacional incursa en ilegalidades insalvables, se reunía con el almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur, mientras Donald Trump amenazaba con intervenir militarmente a Venezuela. Eso, además de las sanciones políticas y financieras contra funcionarios y empresas estatales.

Y en ese marco llegó la segunda victoria bolivariana, de su fuerza política principal, el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). Fue en los comicios para gobernadores, que la oposición reclamaba a los gritos (en rigor, con las guarimbas y violencia).

Y se votó el 15 de octubre para gobernadores de los 23 estados; hasta ese momento el oficialismo era mayoría en 20 y la oposición en 3. La única desventaja para la MUD fue que dos de sus hombres más conocidos no podían competir: el ex presidenciable Henrique Capriles, de Primero Justicia, y Leopoldo López, de Voluntad Popular. Y no por culpa del gobierno sino por las irregularidades y delitos cometidos por el primero, y la condena a casi 13 años de cárcel vigente contra el segundo, por su rol en el programa golpista La Salida, de 2014, que causó 43 muertos.

El resultado fue muy favorable para el chavismo-madurismo, pues esa noche del 15 de octubre la CNE lo proclamó vencedor en 17 estados, en tanto los opositores se habían alzado con 5. Restaba saber quién había ganado en Bolívar, donde las diferencias eran menores, pero al final fue también para el PSUV. Justo Noguera obtuvo allí el 49,04 % de los 549.699 sufragios contabilizados por el CNE, mientras que el opositor Andrés Velásquez alcanzó el 48,83 %, según el escrutinio oficializado el 18 de octubre.

Quedaron 18 estados para mandatarios oficialistas y cinco para la oposición, aunque ya se verá que sólo pudo retener 4, perdiendo una ficha clave como Zulia, el de mayor padrón electoral del país.

¿Qué sucedió? Que la ANC resolvió que todos los gobernadores debían jurar sus cargos ante ese órgano superior del Estado. Y de los cinco gobernadores electos por partidos de la MUD, cuatro aceptaron ese trago amargo (habían desconocido ese comicio y la emergente Asamblea) pero el de Zulia, no lo hizo. En consecuencia, se llamó a votar otra vez en ese Estado, en coincidencia con las elecciones municipales del 10 de diciembre.

Tres al hilo.

El domingo pasado se realizaron los comicios para las 335 alcaldías del país. Y fue la tercera victoria al hilo de los bolivarianos e hijos de Chávez, porque el PSUV triunfó con el 71 por ciento de los votos a nivel nacional, lo que le reportó 305 alcaldías, o sea el 91 por ciento de éstas.

El índice de participación en elecciones no obligatorias en Venezuela fue muy alto, pues alcanzó el 47 por ciento del padrón. Votaron 9,4 millones de personas, 1,4 millón más que en la votación por la Constituyente, para tomar una referencia cercana.

Si ante la Constituyente todo el espectro opositor había boicoteado y en el caso de las regionales lo habían hecho los grupos más recalcitrantes, como el de Vente Venezuela, de María Corina Machado, en los municipales el boicot fue de casi todos esos partidos, incluida Acción Democrática de Henry Ramos Allup. Desoyendo esas órdenes, muchos de sus dirigentes se colaron como candidatos en otras listas, con ánimo de participar. Y la mayoría de éstos fue derrotada, aún con algunas alcaldías para el sector, la más importante San Cristóbal del Táchira, un Estado importante fronterizo con Colombia y por eso mismo capital del bachaqueo (contrabando), incursiones de paramilitares y narcotraficantes.

La victoria chavista alcanzó a la gobernación de Zulia, donde hubo que repetir la elección por defección y desobediencia a la ANC del electo en octubre.

Esta tercera victoria seguida del gobierno ya no puede causar sorpresa en Venezuela y el mundo, como la suscitada el 30 de julio y en mucho menor medida por las regionales de octubre.

Sí continúa la bronca y odio del gobierno norteamericano y el grupo de los 12 países con los gobiernos más proyanquis de la OEA, que apoyaron el golpismo en su reunión de Lima, en agosto pasado. Mauricio Macri está a la cabeza del sector. La derecha regional no puede entender esas victorias populares y las atribuye a fraudes que no puede demostrar y menos en un sistema electoral tan transparente como el de Venezuela.

¿La cuarta?

La confusión de las oligarquías regionales se patentiza en el editorial de “La Nación” del 24 de octubre, que distorsionaba las elecciones de ese mes. Se titulaba “El fraude flota sobre Venezuela” y decía: “pese a que las encuestas sugieren que el apoyo de la población a la administración de Maduro es inferior a un 30%, el resultado de las elecciones fue que el gobierno triunfó en 17 de los 23 estados venezolanos. Pero no hay que engañarse, lo sucedido es fruto del fraude”.

En su ofuscación y mentiras lesionó al Vaticano: “si Maduro llegó hasta aquí es también por los silencios cómplices de algunos gobiernos de la región y porque engañó a todos, incluido al Vaticano”.

En línea directa con el Departamento de Estado, el Grupo de Lima exigió una auditoría urgente del proceso electoral en Venezuela, el 18 de octubre, reclamo que no hizo ante el fraude en los comicios en Honduras contra el opositor Salvador Nasralla, que provocaron protestas, represión y siete muertos.

Si las denuncias de Trump y sus aliados venezolanos y el espectro neoliberal y conservador de la región no fue más violenta y espectacular ante las municipales, podría ser por dos razones básicas.

Una, que vienen perdiendo fuerza por las derrotas anteriores y evaluando el nivel de división imperante en la otrora poderosa MUD que ganaba las calles y se comía los titulares de los medios internacionales.

La otra razón es que están trabajando para no perder la elección que más les preocupa en el país petrolero: las presidenciales de 2018, donde Maduro irá por la reelección con buenas chances de ganarla. Para evitar ese futuro que les mete pánico están reelaborando su estrategia y táctica intervencionista, reforzando las sanciones económicas y financieras, que llevaron a Standard&Poors a declarar a Venezuela incursa en un “default selectivo”. Esto está patrocinado por la Casa Blanca y los “fondos buitres”. Cualquier semejanza con el plan imperial contra Argentina, coronado con el macrismo en 2015, no es mera casualidad.

Emilio Marin* para La Arena

La Arena. Santa Rosa, Argentina, 14 de diciembre de 2017

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