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21 de noviembre de 2018

« ESTE ES UN NEOLIBERALISMO ZOMBIE »
Alvaro García Linera en el Primer foro mundial de pensamiento crítico del CLACSO 2018

por Alvaro García Linera*

 

El vicepresidente de Bolivia dijo en el Primer foro mundial de pensamiento crítico del CLACSO 2018 que la restauración conservadora en la región será de corto aliento porque repite « viejas recetas que hace 20 años fracasaron ». Afirmó que el progresismo demostró que se pueden construir « nuevas formas de gobernabilidad » pero falló en el « sentido común » y en la « sostenibilidad del crecimiento y la satisfacción económica ».

Transcripción de la ponencia

« ¿Qué significa ser de izquierda? Haber sacado 72 millones de habitantes de América Latina de la pobreza. ¿Qué significado tiene ser progresista, ser populista, ser izquierdista, ser socialista en América Latina? El fortalecimiento de los sindicatos, y de los múltiples movimientos sociales, nuevas formas de participación como el referéndum, democracia comunitaria como las intersectoriales, como las movilizaciones sociales con efectos estatales que cambiaban o elaboraban decretos o que cambiaban o elaboraban leyes, la democratización creciente de las relaciones personales y un impulso a la gestión del cuerpo en la que cada mujer es y tiene que ser soberana sobre las decisiones de su cuerpo. Los gobiernos progresistas han aprendido del movimiento de mujeres. Posiblemente muchos gobiernos llegaron a la gestión de gobierno sin entender o con distancia, pues sobre la marcha tuvieron la flexibilidad y la sabiduría de abrogar sus creencias iniciales heredadas de miradas conservadoras para tener una actitud de acompañamiento, no de dirección, porque la mujer no necesita ser dirigida, de acompañamiento a las luchas de las mujeres por sus reivindicaciones.

La izquierda ha significado en estos doce años, nuevas formas de gobernabilidad. Hay gobernabilidad en los países, hay estabilidad en los países y no solamente con coaliciones políticas partidarias. Lo que hemos demostrado al mundo es la gobernabilidad real, plebeya y que se construye con : mayoría parlamentaria y mayoría callejera. Se gobierna desde las calles, se gobierna desde el parlamento. Y la unidad de ambas da gobernabilidad a los gobiernos progresistas.

Los gobiernos progresistas tuvieron la virtud, las fuerzas progresista mejor dicho, de manera alargada, en diez, veinte años previos, o de manera concentrada en meses o años previos a los grandes estallidos catárticos de la sociedad en América Latina, grandes victorias culturales previas. Antonio Gramsci tenía razón, cualquier victoria política, popular o militar, requiere previamente victorias culturales desarrolladas desde los distintos ámbitos de la vida. En la universidad, en los medios de comunicación, en el barrio, en la actividad cotidiana, en la familia, etc.

El Progresismo latinoamericano a resuelto desde la marcha un debate que se va dando en el ámbito de la reconstitución de las izquierdas socialistas o socialdemócratas radicales, el tema de la relación entre progresismo y libertad. Por lo general los que venimos de las izquierdas, de los años sesenta y setenta, traíamos una distancia con el concepto de libertad que lo asociábamos al libre mercado o al egoísmo del interés personal. Sobre los hechos y sin mucha reflexión el progresismo latinoamericano a abordado este tema de una manera muy creativa vía el respeto de las libertades republicanas: libertad de opinión, libertad de pensamiento, libertad de formar sin coacción voluntad política nacional es decir hemos sabido llegar al poder y transformar el poder mediante las elecciones. Y habremos de regresar al poder una vez y otra vez, mediante las elecciones.

Frente a una lógica del determinismo histórico en el que había un solo sujeto promotor del cambio y el resto de la sociedad era meramente acompañante sospechoso de la vanguardia, el progresismo latinoamericano a tenido la virtud de promover, de inventar, un conjunto de articulaciones sociales contingentes plurisectoriales, multiidentitarias y pluricivilisatorias. Obreros, indígenas, barrios, jóvenes, mujeres profesionales, campesinos… en una articulación plebeya en la que no hay un sujeto mandado a dirigir y a conducir al resto, donde el que conduce es fruto de contingencias, de habilidades estratégicas, de convocatorias, de construcciones discursivas, de narrativas movilizadoras, pero en todo caso no hay un sujeto de vanguardia o un único sujeto articulador. Las transformaciones o los bloques históricos son construcciones plurales, contingentes y flexibles.

Luego, y esto ha sido lo más dificultoso pero se ha logrado en parte, es que una de las virtudes de los gobiernos progresistas latinoamericanos es haber formado o haber impulsado formas alternativas de gestión económica post neoliberal, no diría post capitalista, ninguna revolución comienza planteándose el Comunismo. La Revolución rusa surgió planteándose pan, y acabo tomándose las fabricas, pero comenzó planteándose la pelea por el pan, por la libertad, acabo -pero luego- metiéndose en las fábricas y construyendo soviets.

En America Latina hemos tenido la capacidad de ampliar los bienes comunes, tanto estatales como los sociales. Hemos tenido la capacidad de crear, de articular de manera selectiva, formas selectivas y puntuales de globalización, formas selectivas de protección y de mercado interno, que es un poco lo que ahora Europa en su lado progresista está intentando experimentar. Nuevas formas de soberanía económica, financiera, control de los bancos, bancaria, un banco central que controla o controlaba su moneda, militar y no bases estadounidenses en el continente, y política, no Embajadas extranjeras que definen los destinos de los países.

Como nunca antes los progresismos tuvieron la virtud de impulsar políticas de integración y de soberanía continental. Una internacional progresista que permitió que América Latina pudiera preocuparse de sus problemas, definir sus problemas, ayudarse en sus problemas sin esperar que le gobierno de los Estados Unidos, ni el FMI, ni el Banco Mundial, ni la Unión Europea nos tengan que decir lo que tenemos que hacer.

Hay varios otros elementos de los aportes del Progresismo Latinoamericano al Mundo. Me voy a detener solo en estos puntos. Ahora quiero detenerme en los límites que hemos tenido. Porque de los límites que tenemos y de la conciencia de los límites que tenemos, comenzamos a superar esos límites, en el sentido hegeliano. Primer límite que hemos tenido y que tiene que ser la lección para el futuro, para la nueva oleada, la sostenibilidad del crecimiento y de la satisfacción económica. Se puede llegar al gobierno en un momento de crisis, de apertura y de disponibilidad social, de frustración colectiva frente a políticas conservadoras con una propuesta, con una narrativa coherente del porvenir, sí se puede. Pero para mantenerse en el gobierne no es suficiente la voluntad política. No olviden lo que decía Lenine : la política es economía concentrada. Y la clave de la sostenibilidad en un gobierno progresista radica en una buena gestión duradera de la economía, crecimiento económico, redistribución de la riqueza. Sostenibilidad del crecimiento y de la redistribución de la riqueza. A la izquierda a la diferenciad e las derechas o de los conservadores, un error en economía nos cobran hasta la vida, a la derecha un error en economía se lo toleran, es parte del sentido común conservador que se vuelve tolerante ante fuerzas conservadoras. La Izquierda no tiene derecho a equivocarse. Es complicado pero ni modo, de eso aprendemos para mirar hacia el futuro.

Un segundo elemento es la debilidad de las transformaciones de un sentido común. Llamamos sentido común al conjunto de criterios morales, procedimientos lógicos, actitudes instrumentales que hacemos sin reflexionar sobre ellas. Desde la forma de sentarse, de comer, el lenguaje, la arquitectura del lenguaje que nos permite comunicar y crear sentidos compartidos con otros compañeros del barrio, con la familia, con los compañeros del trabajo. Es el conjunto de indignaciones y tolerancias morales que practicamos a diario, es el conjunto de algoritmos de la vida cotidiana que automáticamente los ejecutamos sin estar pensando que los estamos haciendo. Como de agarrar este micrófono. Puedo estar hilando mis ideas de izquierda sin necesidad de preocuparme de cómo se agarra un micrófono, como tengo que mirar al público. Eso es el sentido común. Esos saberes, esa forma de ubicarse en el mundo, esa forma automática de actuar en el mundo, esa forma de valorar instantáneamente y espontáneamente el mundo, que no es natural, que es fruto del sedimento de lo que Marx llamaba la educación, el hábito y la tradición desde que tenemos un día de vida, hasta que somos adultos, a eso llamamos el sentido común. Pues el sentido común había sido lo más importante en la política. En el fondo la política es una lucha por la conducción del sentido común. Y los gobierno progresistas supieron estar en el momento preciso, como fuerzas progresistas, con el momento preciso en que un pedazo del sentido común se resquebrajo, un pedazo del viejo sentido común que asignaba a otros la decisión de las cosas de uno, que apostaba al mercado o la globalización la satisfacción de las necesidades. Que delegaba en personas, en partidos o a empresarios la solución de los problemas de los pobres. Ese viejo sentido común se resquebrajó en un momento de catarsis social. En Bolivia año 2001, año 2003, año 2005. Argentina, Brasil, cada país tiene su momento de catarsis social, en el sentido Gramsciano, que quiebra pedacitos superficiales del sentido común.

Cuando uno llega al gobierno uno crea que ese sentido común que lo catapulto a funciones estatales es enraizado. No es cierto. Lo que hemos entendido y comprendido, que es el sentido común, es más que estos aspectos circunstanciales de la catarsis social. Es que el sentido común es todo un sedimento conservador reproductivo más que transformativo y que si los gobiernos progresistas no hacen un esfuerzo planificado, sistemático, en la educación, en la salud, en la vida cotidiana, en la escuela, en los medios de comunicación, en los libros, en el teatro, en las gestualidades, en las relaciones inter familiares en la simbologías en las formas de unificación, en las formas de preparación, en el orden moral del mundo, en el orden lógico del mundo para transformarlo, el viejo sentido común se volverá a reconstituir y se apoderará y desplazará al nuevo sentido común progresista superficial. De ahí la paradoja, y que nos ha costado aceptarlo: cómo es que compañeros que salieron de la pobreza, fruto de las políticas progresistas, voten contra un gobierno progresista. Parece una traición, no lo es. Parece una inconsciencia, no lo es. Hay que asumirlo como debilidad, como debilidad y como lección. Hay continuidad de los procesos progresistas en tanto satisfacen necesidades básicas crecientes en tanto transforman y revolucionan ininterrumpidamente la pautas del sentido común conservador que gobiernan el noventa o el noventa y cinco de nuestros procedimientos cerebrales.

Tercera debilidad, tercera lección: No es posible un crecimiento económico que sea a la vez un decrecimiento ecológico. ¿Como resolver esta paradoja? Crecimiento económico con protección ecológica. Es decir el horizonte de un socialismo ecológico se presenta en América Latina como un hecho inevitable en la siguiente oleada.

Fortalezas, debilidades, tareas. ¿Qué es lo que puede pasar en el continente ahora? ¿Estamos ante el inicio de un largo repliegue del progresismo latinoamericano que va dar lugar a una larga noche conservadora, neoliberal, racista, misógina, excluyente, neocolonial o no? Eso es lo que uno tiene que asumirlo con una frialdad siberiana. Yo estoy convencido de que no, y por lo siguiente. Estamos enfrentando una oleada conservadora, neoliberal que tiene dos limites intrínsecos. Es fosilizado y en si mismo contradictorio. Me debo explicar, porque el neoliberalismo que ha triunfado recientemente en América Latina, setá repitiendo las viejas recetas que hace veinte años fracasaron y llevaron a esos países al desastre económico y al desastre social. No hay inventiva, no hay creatividad, no hay esperanza. Es simplemente una vieja repetición, mal adobada, mal formulada encima, de viejas actitudes, de viejas decisiones que ya fracasaron en el continente años atrás.

¿Porqué es contradictorio y enfermizo? Porque a diferencia de lo que sucedió en los años ochenta, cuando el neoliberalismo se presentaba ante el mundo como una esperanza movilizadora de pasiones como una esperanzas movilizadora de adhesiones voluntarias, el neoliberalismo actual solamente moviliza odio y resentimiento. Odio al pobre, odio a la mujer liberada, resentimiento con el trabajador alzado, resentimiento con el sindicalismo exagerado que entorpece la acumulación. Es un neoliberalismo fundado en la negatividad y no en la preposición No en la esperanza de mediano plazo, sino en el rechazo emotivo de corto plazo y eso tiene patas cortas. En tercer lugar, ¿qué neoliberalismo? Resulta que los que hace diez o quince años propugnaban el libre mercado, la libre empresa, las privatizaciones, hoy nacionalizan bancos, hoy fortifican sus fronteras y se pelean contra la globalización. Y resulta que los comunistas que son dueños de empresas estatales son los propugnadores del libre comercio globalizado. ¿Entonces qué, los comunistas se han vuelto globalizados y los privatizadores se han convertido en proteccionistas? Tenemos un neoliberalismo fallido de corto aliento y un mundo incierto. Se ha perdido el norte y el horizonte de las fuerzas de derecha. ¿Hacia dónde vamos a ir? Vamos a hacer alianza con China y entonces tenemos estatizar empresas o vamos a tocar la puerta de Europa y Estados Unidos que están pidiendo protección para sus mercados o están propugnando libre mercado? ¿ qué camino va seguir América Latina, un pedazo de uno, un pedazo de otro? No. Se ha agotado el combustible neoliberal. Lo que ahora tenemos es una especie de Neoliberalismo Zombi, que sobrevive de viejas victorias y que no logra captar el entusiasmo colectivo de la sociedad.

Soy un convencido de que esto se va a agotar. De que en vez de vivir una larga noche neoliberal, hemos de vivir una corta noche de verano neoliberal y ahí es donde nos toca a nosotros reconocer lo que hicimos bien, reconocer lo que hicimos mal y prepararnos. La izquierda tiene que volverse a preparar para tomar el poder en los siguientes años en el continente. Y esperemos que esta nueva oleada de gobiernos progresistas cuenten ahora sí con un apoyo de otros lugares del mundo. Miramos a España, miramos a Inglaterra, miramos a Francia, miramos a Italia, miramos a todas partes del mundo con la esperanza que no nos dejen solos. Que la siguiente oleada pueda ensamblarse con una oleada continental y mundial que nos permita de avanzar mucho más adelante los derechos y el bienestar de la población mundial.»

Álvaro García Linera*

CLACSO. Buenos Aires, 20 de noviembre de 2018.

*Alvaro Marcelo García Linera es un matemático, sociólogo y político boliviano, trigésimo octavo vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia desde el 22 de enero de 2006, durante el primer, segundo y tercer gobierno del presidente Evo Morales.

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Transcripción para El Correo de la Diaspora de: Carlos Debiasi

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