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23 octobre 2022

Brasil : Elecciones del « bien » contra el « mal »

par Andy Robinson*

 

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Cuesta creer que un político con tantas debilidades morales como Jair Bolsonaro pueda ser el candidato del « bien » contra el « mal » en las elecciones presidenciales del próximo 30 de octubre.

Pero, asesorado ya no solo por líderes evangélicos, como el telepredicador Silas Malafaia, sino también por el ex-superjuez Sérgio Moro, que encabezó la cruzada anticorrupción conocida como Lava Jato, el presidente brasileño ha estrechado la ventaja de su rival Luiz Inácio Lula da Silva hasta solo cuatro puntos.
La reelección aún será difícil para el presidente. Bolsonaro necesita seis millones de votos más de los que obtuvo en la primera vuelta ; Lula, solo 1,8 millones más. Pero todo indica que el resultado será mucho más disputado de lo que se pensaba hace un mes.

Para lograr esos seis millones de votos, Bolsonaro intenta recomponer la coalición ganadora del 2018. Eso supone juntar los votos de unos 70 millones de neopentecostales brasileños con los de otra fe inquebrantable en parte de la clase media brasileña : el antipetismo, es decir, el odio visceral al Partido de los Trabajadores (PT).

No es fácil para el presidente personificar el bien bíblico. Bautizado como evangélico en el río Jordán de Israel en el 2016, no es un cristiano ejemplar. Se ha casado tres veces. Su retórica cuartelaria –con constantes referencias a su potencia sexual– no sienta bien en los templos. Tampoco la entrevista en la que confesó haber aconsejado a su primera mujer que terminase un embarazo en un momento de apuros económicos.

¿Y la corrupción ? Bolsonaro tampoco es un santo. Una investigación de la policía federal apunta a que su hijo Flavio se enriqueció malversando dinero público blanqueado con la ayuda de las mafias paramilitares del oeste de Río. Es solo la punta del iceberg de una red familiar de corrupción que explica el misterioso aumento del patrimonio de los Bolsonaro, según sostiene Juliana del Piva, en su nuevo libro El negocio de Jair.

Ya hay señales de que el presidente recupera la confianza de parte de su electorado tras el colapso de la popularidad durante la gestión negacionista de la pandemia, más letal en Brasil que en ningún otro país, salvo Estados Unidos. Bolsonaro cuenta ya con el apoyo del 66% de los evangélicos, 16 puntos más que en agosto. Y también se beneficia de un recrudecimiento del antipetismo en el interior conservador y extraurbano de estados como São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais.

En viajes realizados esta semana por el interior del centro oeste brasileño, trufado de banderas nacionales y retratos del presidente, el lenguaje del evangelismo se mezclaba con denuncias a la corrupción. « Aquí el 99% somos bolsonaristas debido la corrupción del PT”, dijo Dirceu Paulo, un empresario en el estado rural de Mato Grosso : « Creemos en la meritocracia bíblica ».

Bolsonaro ha repartido subsidios por 600 reales –117 euros– mensuales a más de 20 millones de familias pobres bajo el programa Auxilio Brasil. Olvidadas las criticas anteriores al asistencialismo clientelar de la izquierda, el presidente se burló de su rival en un debate televisivo el pasado martes. “¡Mira, Lula ! Yo he dado más con Auxilio Brasil que tú con Bolsa Familia”, que fue el programa antipobreza de los gobiernos del PT. ­­­Lula aún tiene casi el 60% de los votos de los más pobres, la mitad del electorado que cobra menos de 220 euros al mes. Pero « lo preocupante para el PT es que hay señales de que sube el voto bolsonarista entre quienes reciben Auxilio Brasil », dijo el analista político en Río Jorge Chaloub.

Bolsonaro ha desplegado dos armas pesadas en esta segunda vuelta. Primero, su actual mujer, Michelle Baptista. La joven primera dama acaba de liderar una caravana de mujeres evangélicas con el propósito de rebajar la ventaja de Lula en el electorado femenino. “El infierno se está levantando”, dijo en referencia al PT durante un mitin en Maceió (Alagoas), en el pobre nordeste, donde Lula tiene más del 60% de la intención de voto. Repitió allí también el ultimo bulo de la campaña bolsonarista : que Lula, siguiendo a Daniel Ortega en Nicaragua, quiere cerrar todas las iglesias evangélicas en Brasil.

Tras responder en un comunicado surrealista que « Lula no es el demonio », el PT ha publicado esta semana « una carta abierta al pueblo evangélico », en la que Lula reafirma su compromiso con la pluralidad religiosa y cita el capítulo de Santiago 1,27 : « La verdadera religión es cuidar de los huérfanos y las viudas ».

La segunda arma de Bolsonaro es el exjuez Moro, responsable de condenar a Lula a nueve años de cárcel en el 2018 unos meses antes de ser nombrado ministro de Justicia en el gobierno de Bolsonaro. Plagado de irregularidades, el juicio contra Lula fue anulado después por el Tribunal Supremo

Pese a salir indignado del gobierno en el 2020, Moro está plenamente reconciliado ya con el bolsonarismo. Susurraba consejos al oído presidencial antes del debate del martes. Por su parte, Deltan Dallagnol, el fiscal jefe de Lava Jato y devoto de otra iglesia baptista ya elegido a la Cámara, será el perfecto enlace entre el evangelismo y el antipetismo en la campaña de Bolsonaro.

Apoyar a Bolsonaro « es un gigantesco error moral », se lamentó en declaraciones a La Vanguardia Matthew Stephenson, abogado de la prestigiosa Escuela de Derecho de Harvard, que ha sido uno de los aliados internacionales más estrechos de Moro y Dallagnol.

Pero el fichaje de los dos hombres de la ley ha fijado la atención de nuevo en la trama de sobornos en la petrolera estatal Petrobras, que, pese a ser un elemento histórico del clientelismo de la política brasileña desde mucho antes de los gobiernos del PT, siempre complica el plan de Lula de volver desde la cárcel como un Nelson Mandela. « La presencia de Moro en la campaña está teniendo efectos muy positivos en el sudeste (São Paulo, Río y Minas Gerais) », dijo Fabio Faria, ministro de Comunicación de Bolsonaro.

El mensaje bolsonarista se trasmite por el ya famoso gabinete del odio, el centro neurálgico de la campaña del presidente en redes sociales. « Producen factoides y teorías de conspiración que no tienen nada que envidiar a Q-anon », dijo en una entrevista el antropólogo Marcio Meira, uno de los miembros fundadores del PT en los años ochenta.

Unos ejemplos de los últimos días : un vídeo afirma que Lula es miembro del cártel narco PCC. Se denuncia un plan secreto del PT de legalizar los pequeños robos. Otro mensaje alerta de que bajo un gobierno de Lula los cuartos de baños en los colegios tendrán que ser unisex. El bulo con más morbo lo soltó hace unos días la recién elegida senadora Damares Alves, pastora y exministra de Bolsonaro que acompaña a Michelle en la caravana evangélica. Según insinuó Alves, el PT es responsable del tráfico de niños desde la isla amazónica de Marajó para abastecer a la pederastia extranjera.

Lula ha intentado contraatacar. Un torpe comentario del presidente sobre dos bonitinhas quinceañeras –presuntas prostitutas venezolanas, instrumentalizadas para fines electorales– creó la oportunidad para lanzar acusaciones de pederastia contra el propio presidente. Pero, parafraseando a André Janones, el nuevo gurú de las redes del PT, la izquierda siempre juega con desventaja ya que se limita a exagerar la realidad y no inventarla.

Consciente del peligro que corre la cuarta democracia más grande del mundo, Alexandre de Moraes, el presidente del Tribunal Supremo Electoral, que regula las elecciones, ha sancionado la campaña de Bolsonaro, reduciendo el número de spots de propaganda asignados al presidente.

Pero esto solo sirve para alimentar la teoría de la conspiración bolsonarista : que existe un complot entre el PT, el Tribunal Supremo y el viejo establishment para evitar la reelección del presidente. Como hizo Donald Trump, Bolsonaro se presenta como el candidato antisistema aunque ocupe el palacio presidencial.

Por eso, es probable que un estrecho margen de victoria para Lula se aproveche para movilizar las bases bolsonaristas contra un inexistente fraude, tras un año de advertencias presidenciales sobre supuestos fallos en el sistema electrónico de votación. Para ir abonando el terreno, un proyecto de ley presentado esta semana en el Congreso propone penas de diez años de cárcel para los autores de sondeos de opinión que subestimen el voto a Bolsonaro.

Andy Robinson* para La Vanguardia

La Vanguardia. Barcelone, 23 de octubre de 2022

*Andy Robinson Nacido en Liverpool (1960), ha vivido en Londres, Sabadell, Barcelona, Nueva York y Madrid. Es licenciado por la London School of Economics en Ciencias Económicas y Sociología y tiene un Master en Periodismo por El País UAM. Ha sido corresponsal de La Van y es corresponsal volante de ‘La Vanguardia’ y colaborador de Ctxt desde su fundación. Además, pertenece al Consejo Editorial de este medio. Su último libro es ‘Oro, petróleo y aguacates : Las nuevas venas abiertas de América Latina’ (Arpa 2020)

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