recherche

Accueil > Empire et Résistance > BRICS > Russie > BRICS : ¿En qué es vulnerable Rusia ?

9 décembre 2014

BRICS : ¿En qué es vulnerable Rusia ?

par James Petras *

 

Toutes les versions de cet article : [Español] [français]

El golpe de Estado en Ucrania, comandado por los Estados Unidos y la Unión Europea, ha transformado aquel antiguo y habitual socio comercial de Rusia en un cliente de la economía europea totalmente devastado y en una plataforma de lanzamiento de la OTAN. Si agregamos a eso las sanciones económicas impuestas a Rusia por su apoyo a la mayoría étnica rusa en la región de Donbass y Crimea, podemos medir la peligrosa vulnerabilidad del Estado ruso y de su economía. El país se encuentra actualmente realizando grandes esfuerzos en vías de reforzar su seguridad nacional y de volver su economía sostenible. Es necesario un análisis crítico de las políticas y estructuras nacidas en la era post soviética para ver el asunto con más claridad.

El saqueo como forma de privatización

Durante el último cuarto de siglo las « mafias oligarcas », que actúan a través de bandas armadas, han transferido ilegal y violentamente la propiedad pública de todos los sectores de la economía rusa valuados en millones de dólares, en particular durante la transición al capitalismo.

De 1990 a 1999 más de seis millones de ciudadanos rusos murieron debido al catastrófico colapso de la economía. La esperanza de vida, que era de 67 años durante la era soviética, se redujo a 55 años bajo el gobierno de Boris Yeltsin. El PBN ruso cayó un 60%, la caída más grande en la historia para un país que no se encontraba en guerra. Después de tomar el poder a través de la violencia y el bombardeo del parlamento ruso, el régimen de Yeltsin comenzó a favorecer la privatización de la economía, liquidando la energía, los recursos naturales, la banca, el transporte y las comunicaciones a la décima parte de su valor real (a veces menos) a socios locales y empresas extranjeras. Matones armados y organizados por el creciente poder de los oligarcas completaron el programa de privatización agrediendo, asesinando y amenazando a sus rivales. Cientos de miles de jubilados se vieron obligados a abandonar sus casas y departamentos por violentos especuladores de tierras que salvajemente confiscaron sus propiedades.

Asesores financieros, formados en universidades americanas y europeas, advirtieron a los oligarcas rivales y los ministros del gobierno sobre las técnicas mercantiles más eficaces para saquear la economía, mientras que a cambio obtuvieron grandes honorarios.

Las fortunas esperaban por aquellos que estaban más despiertos. Mientras tanto, el nivel de vida disminuyó, empobreciendo las dos terceras partes de los hogares rusos. El número de suicidios se cuadruplicó y avanzaron las muertes por alcoholismo, por consumo de tóxicos, HIV y otras enfermedades venéreas. La sífilis y la tuberculosis alcanzaron proporciones epidémicas y enfermedades erradicadas durante la era soviética reaparecieron con el cierre de clínicas y hospitales.

Dominados y dominantes

No es sorprendente que los respetables medios de comunicación occidentales hayan alabado el saqueo a Rusia, al que describieron como una « transición a las elecciones libres y una economía de mercado ». Éstos publicaban artículos elogiosos que describían el poder político y a la dominación de las mafias oligarcas como el reflejo de una democracia liberal naciente. De esta manera, el Estado ruso pasó de ser una superpotencia mundial a un régimen despreciable basado en el clientelismo infiltrado por los servicios de inteligencia occidentales, incapaz de gobernar y de hacer cumplir sus acuerdos y tratados con las potencias occidentales. Estados Unidos y la Unión Europea se apresuraron para reducir la influencia rusa en Europa del Este y rápidamente pusieron sus manos en las industrias que pertenecían al Estado, los medios de comunicación y las instituciones financieras. Los funcionarios comunistas, de izquierda e incluso los nacionalistas, fueron removidos y reemplazados por políticos dóciles y sumisos al libremercado y a la OTAN.

Los EE.UU y la Unión Europea violaron todos los acuerdos firmados entre Gorbachov y Occidente. Los países de Europa del este se convirtieron en miembros de la OTAN, Alemania Federal anexó a Alemania Oriental y las bases militares se extendieron hasta la frontera rusa.

Nuevos grupos de reflexión favorables a la OTAN se alimentaban de información emanada por los servicios de inteligencia y de propaganda antirrusa. Centenares de ONG, financiadas por los EE.UU, se activaron al interior de Rusia como instrumentos de propaganda y centros de organización para los políticos neoliberales subversivos. Para el extremo este y las ex repúblicas soviéticas del Cáucaso, Occidente fomentó movimientos separatistas o sectarios y sublevamientos armados, particularmente en la región de Chechenia. EE.UU apoyó a los dictadores del Cáucaso y los corruptos títeres neoliberales de Georgia. El Estado ruso estaba colonizado y su supuesto líder, Boris Yeltsin, en un constante estado de estupor etílico, fue apoyado y manipulado para tomar decisiones arbitrarias que contribuyeron más a la desintegración del Estado y la sociedad.

El pueblo ruso hace memoria y considera el decenio de Yeltsin como un desastre. EE.UU, la UE, los oligarcas rusos y sus partidarios la recuerdan como la época dorada…del saqueo. Para la inmensa mayoría de los rusos, éste fue un período negro : la ciencia y la cultura rusas soportaron los estragos. Los científicos, artistas e ingenieros de renombre eran privados de sus ingresos y reducidos a la desesperación, la fuga o la pobreza. Para los EE.UU, la UE y los oligarcas, fue la época de las compras fáciles, marcada por el saqueo económico, cultural e intelectual, la adquisición de fortunas de más de mil millones dólares, la impunidad política, la criminalidad desenfrenada y la sumisión a los dictámenes occidentales. Los acuerdos firmados con el Estado ruso fueron violados incluso antes que la tinta se secara. Fue la época del mundo unipolar centrado en EE.UU, este nuevo orden mundial en el que Washington podía influenciar e invadir sus adversarios nacionalistas y los aliados rusos con total impunidad.

La época dorada de la indiscutible dominación mundial se transformó en la norma de Occidente para juzgar la Rusia post Yeltsin. Cualquier política interior y exterior adoptada en Rusia en los años de Putin (2000-2014) es considerada positiva o negativa por Washington en relación al período de saqueos y manipulación evidentes que significó la década de Yeltsin.

La era Putin : reconstrucción del Estado y la economía, belicismo de los EE.UU y la Unión Europea

El presidente Putin debía, antes que nada, poner fin a la desintegración de Rusia. Con el tiempo, el Estado y su economía recuperaron la apariencia de orden y legalidad. La economía comienza a recuperarse y crecer. Los empleos, el salario y los niveles de vida están de nuevo en alza mientras que las tasas de mortalidad descienden. Se normalizó el comercio, las inversiones y las transacciones financieras con Occidente y comenzaron los enjuiciamientos contra los antiguos saqueadores sin escrúpulos. Occidente mantiene una posición ambigua con respecto a la recuperación de Rusia : si bien los empresarios y las multinacionales saludan el retorno de la ley y el orden y el fin de las mafias, la clase política de Washington y Bruselas así como los buitres capitalistas de Wall Street y Londres condenaron rápidamente lo que ellos mismos describen como un aumento del autoritarismo y la presencia del Estado por parte de Putin, al tiempo que las autoridades rusas comienzan a investigar sobre evasión fiscal, lavado de dinero a gran escala, corrupción y hasta asesinatos de oligarcas.

El ascenso al poder de Putin coincidió con el auge de las materias primas en todo el mundo. El espectacular aumento de los precios del petróleo, el gas natural y los metales rusos (2003-2013) permitió que la economía creciera rápidamente. El Estado ruso aprovechó la oportunidad para endurecer la regulación sobre la economía y reconstruir sus fuerzas armadas. La capacidad de Putin para acabar con las formas más atroces de saqueo de la economía rusa y para restaurar la soberanía nacional le dio popularidad entre los electores, quienes lo han reelegido con amplia mayoría en varias ocasiones.

Metámosle palos en la rueda…

A medida que Rusia pone distancia con las « políticas satélite », el personal y las prácticas de los años de Yeltsin, los EE.UU y la UE adoptan una estrategia política hostil y multifacética que busca desestabilizar a Putin y a restituir en el poder a los títeres neoliberales dóciles como Yeltsin. ONG rusas financiadas por fundaciones norteamericanas, y que sirven de coartada a la CIA, organizan grandes manifestaciones que tienen como blanco a los representantes políticos electos. Los partidos políticos ultra liberales sostenidos por Occidente intentan en vano ser elegidos a escala local y nacional. El Centro Carnegie, una máquina de evidente propaganda financiada por EE.UU, produce panfletos en serie con la intención de describir las « políticas autoritarias y diabólicas » de Putin, su persecución a oligarcas disidentes y el retorno a una economía planificada de tipo soviético.

Mientras trata de restaurar la « edad dorada del saqueo » a través de sus aliados políticos internos, Occidente sigue una política exterior agresiva para eliminar los aliados de Rusia y sus socios comerciales, especialmente en el Oriente Medio. EE.UU invadió Irak, asesinó a Saddam Hussein y a los dirigentes del Partido Baaz (NdR : partido político creado por el propio Hussein) y metió en su lugar a un dirigente títere. Moscú perdió así un importante aliado nacionalista y secular en la región. Acto seguido, EE.UU impuso sanciones contra Irán, principal aliado comercial con quien Rusia tenía florecientes relaciones. Washington y la UE sostienen además una insurrección armada a gran escala para derrocar al presidente Bashar al-Assad en Siria, otro aliado de Rusia, lo que privaría a la marina rusa de un puerto amigo en el Mediterráneo. Ambos bombardearon también Libia, mayor socio petrolero y comercial de ruso (y también chino), con la esperanza de instaurar un régimen basado en el clientelismo favorable a Occidente.

Como si fuera poco el constante hostigador de Rusia en el Cáucaso y sobre el Mar Negro, el régimen georgiano, invadió con el apoyo norteamericano un protectorado ruso, Osetia del Sur, matando a numerosos soldados de la paz rusos y centenares de civiles, antes de ser golpeado por un vigoroso contraataque ruso.

…ahora démosle un gran golpe

En 2014 la ofensiva occidental apunta a aislar a Rusia, rodearla y eventualmente poner en peligro cualquier situación de independencia en pleno apogeo. EE.UU financió un golpe de estado civil y militar en Ucrania que permitió derrocar el gobierno del electo presidente Viktor Yanukovich, quien se oponía a la idea de anexarse a la Unión Europea y afiliarse a la OTAN. Washington impuso un régimen fantasma, claramente hostil contra Rusia y los ucranianos de origen ruso del sudoeste de Crimea. La oposición rusa al golpe de estado y su apoyo a los federalistas pro democracia en el sudoeste de Crimea sirvieron de pretexto a Occidente para imponer sanciones en busca de debilitar los sectores petroleros, banqueros y manufactureros de Rusia y paralizar su economía.

Las estrategias imperialistas en Washington y Bruselas rompieron todos los acuerdos precedentes con la administración Putin e intentan elevar la popularidad de los oligarcas opositores al presidente, amenazando al mismo tiempo con meterse con sus activos en el mundo occidental (particularmente cuentas bancarias y bienes adquiridos por medio de lavado de dinero). Las sociedades petroleras del Estado ruso, comprometidas en acuerdos con Chevron, Exxon y Total, perdieron de la noche a la mañana el acceso al mercado de capitales occidentales.

El efecto acumulativo deseado de esta ofensiva occidental se extiende a lo largo de una década, donde el punto más alto de las sanciones prometidas es el de provocar una recesión en Rusia, debilitar su moneda (el rublo perdió 23% de su valor en 2014), de elevar el costo de las importaciones y de molestar a los consumidores locales. Las industrias rusas, que dependen de piezas de material importado desde el extranjero, así como las sociedades petroleras que de penden de la tecnología necesaria para la exploración de servicios en el Ártico, son algunas de las víctimas apuntadas por la intransigencia de Putin.

A pesar del éxito a corto plazo de la guerra desatada por los EE.UU y la UE, el gobierno de Putin mantiene una cierta popularidad con el electorado ruso, con tasas de aprobación de hasta el 80%. De esta manera la oposición pro-occidental es relegada al olvido. Ésto exigió nada menos que la política de sanciones de Occidente y el autoritario cercado político y militar de la OTAN, lo que sacó a luz las vulnerabilidades de Moscú.

Con su llegada al poder, Putin limpió a la oligarquía política…

Tras el saqueo de la economía de Rusia por Occidente y los oligarcas rusos, y la degradación salvaje de la sociedad rusa, el Presidente Putin adoptó una estrategia compleja : lo primero que hizo fue hacer una diferencia entre los oligarcas políticos y los oligarcas económicos. Una parte de estos últimos no ve con malos ojos cooperar con el gobierno a fin de reconstruir su economía, y están dispuestos a restringir sus actividades conforme a los lineamientos generosos que estableció Putin. Es decir, conservan aún un enorme poder económico y lo aprovechan, pero renunciando al mimo tiempo a su poder político. A cambio, Putin los autoriza a sostener sus imperios comerciales constituidos en forma dudosa. En cambio, aquellos oligarcas en búsqueda de poder político que han financiado las políticas durante la era Yeltsin, están en la mira. Algunos son despojados de sus fortunas, otros son perseguidos por crímenes que van desde el lavado de dinero y evasión fiscal, hasta la transferencia de fondos al extranjero para el financiamiento de asesinatos a rivales.

... y busca fortalecer la cooperación económica y política entre Rusia y Occidente

La segunda parte de la política presentada a principios de la era Putin es el fortalecimiento de la cooperación entre Rusia y los países occidentales y sus economías, sobre la base de intercambios comerciales recíprocos, y ya no sobre la base de una usurpación de recursos rusos por parte de Occidente, como era corriente en la era de Yeltsin. Putin está a favor de una gran integración política y militar junto a los EE.UU y la UE, a fin de mantener la seguridad en las fronteras y en las esferas de influencia rusa. Con este fin, Putin abrió bases militares y rutas de abastecimiento con la intención de que las fuerzas militares de EE.UU y la UE participaran de la invasión y ocupación de Afganistán.

El encuentro político y diplomático de Putin favoreciendo la expansión militar de Washington y de la OTAN promueve el comercio, las inversiones y las transacciones financieras con Occidente. Las sociedades rusas firman préstamos en los mercados financieros occidentales. Los inversores extranjeros invierten en masa sobre los mercados de valores rusos y las multinacionales fomentan los coemprendimientos. Las principales compañías de petróleo y gas están en auge. La economía rusa y los niveles de vida vuelven a ser los mismos que durante la época soviética. El consumo explotó. La tasa de desempleo descendió por debajo del 10%. Los salarios y las deudas se pagan. Los centros de investigación, las universidades, las escuelas y los establecimientos culturales recuperaron su brillo.

... además,Putin nacionalizó la industria del petróleo y gas...

La tercera parte de la estrategia de Putin, es la vuelta a las arcas del Estado (renacionalización) de los sectores del petróleo y gas. A través de compras y re estatizaciones, como resultado de las auditorías financieras y confiscaciones de bienes a las mafias oligarcas, la toma del sector por el Estado ruso tiene un éxito de dimensiones estratégicas. Las compañías del Estado formaron una serie de empresas conjuntas con gigantes petroleros de Occidente y las exportaciones rusas dominan la demanda en el mercado. El alza en los precios del petróleo ayuda, mientras que la década siguiente a la llegada al poder de Putin el país experimenta un auge en las importaciones por la demanda de los consumidores, que van desde productos agrícolas hasta joyas y autos de alta gama. Putin consolida su apoyo electoral y empuja a una mayor integración de Rusia con los mercados occidentales.

Al mismo tiempo, Occidente apoya a los oligarcas corruptos en su campaña anti-Putin...

La estrategia de expansión y crecimiento de Putin se dirigió exclusivamente a Occidente (EE.UU y UE) y no a Oriente (Asia y China) o el sur (América Latina).

Detrás de la victoria táctica conseguida por Putin apostando a Occidente, se observan algunas debilidades estratégicas de Rusia. Los primeros signos son evidentes con el apoyo de Occidente a los oligarcas corruptos en su campaña anti-Putin y la diabolización en los medios de comunicación del sistema judicial ruso al haber perseguido y condenado a las mafias oligarcas rusas, como es el caso de Mijaíl Jodorkovski. Otro ejemplo, es el sostén financiero y político de Occidente a los candidatos neoliberales de la era Yeltsin, opositores a los candidatos del partido Rusia Unida (NdR : el partido de Vladímir Putin). Es evidente que los esfuerzos de Putin en vías de restablecer la soberanía rusa chocan con los planes de Occidente de mantener a Rusia como un Estado vasallo. Occidente ve aún con ojos favorables la época de oro del saqueo y de la dominación sin límites del período de Yeltsin, mientras compara la actual Rusia dinámica e independiente de Putin, con la extinta Unión Soviética y la KGB.

…y promueve levantamientos en las fronteras rusas

En 2008 EE.UU incitó a su cliente, el presidente de Georgia Mijeíl Saakashvili, a invadir el protectorado ruso de Osetia del Sur. Fue el mayor signo de que la relación Putin-Occidente era contraproductiva. Las fronteras territoriales de Rusia, sus aliados y sus esferas de influencia se volvieron blancos para el mundo occidental. EE.UU y la UE condenaron la reacción defensiva de Moscú, aún después de que Rusia retiraba sus tropas luego de asestar el ataque.

Georgia no es más que un ejemplo más de los numerosos golpes de Estado planificados y financiados por Occidente, descriptos como « revoluciones de color » por algunos, o de intervención humanitaria de la OTAN por otros. En los Balcanes, el desmantelamiento de Yugoslavia se realizó a fuerza de bombas de la OTAN. Ucrania sufrió varios « 
levantamientos de color » que condujeron a la sangrienta guerra civil en curso. Washington y Bruselas interpretaron la serie de medidas conciliatorias adoptadas por Putin como un signo de debilidad y se permitieron avanzar aún más sobre la frontera rusa y derrocar regímenes favorables al país.

Ucrania : la etapa final del plan de desestabilización

A mediados de la segunda década del nuevo siglo, los EE.UU y la UE toman una decisión estratégica mayor para socavar la seguridad de Rusia y debilitar su soberanía : tomar el control de Ucrania, expulsar a Rusia de su base militar en el Mar Negro de Crimea, transformar Ucrania en una base de la OTAN y cortar los lazos económicos del este ucraniano con Rusia, particularmente el flujo de armamento ucraniano sobre el mercado ruso. El golpe de Estado financiado por Occidente y sus tropas de choque esta constituido principalmente por grupos de extrema derecha y neonazis activos en Ucrania. LA junta de Kiev organizó una guerra con el objetivo de eliminar las fuerzas prodemocráticas que luchaban contra el golpe de Estado en el sudoeste de la región de Donbass, donde los rusos conforman la mayoría étnica, y son quienes mantienen los lazos económicos con Rusia, particularmente en el sector de la industria pesada.

Cuando Putin finalmente se dio cuenta del peligro evidente para la seguridad nacional de Rusia, su gobierno respondió con la anexión de Crimea después de la celebración de un referéndum popular. Comenzó también a dar asilo y a asegurar una vía de suministro a los federalistas anti-Kiev asediados en el este de ucraniano. Occidente explota al máximo las vulnerabilidades de la economía rusa, resultado del modelo de desarrollo propuesto por Putin, e impone trascendentales sanciones económicas para paralizar su economía.

Contra las sanciones occidentales y la debilidad propia de Rusia, Putin necesita repensar su enfoque político

El militarismo desenfrenado de Occidente y las sanciones impuestas contra Rusia desnudan una serie de vulnerabilidades importantes en la estrategia económica y militar de Putin. Éstas incluyen :

  1. - la dependencia con los oligarcas económicos pro occidentales para promover su estrategia de crecimiento económico
  2. la aceptación de la mayoría de las privatizaciones de la era Yeltsin ; su decisión de centrarse en el comercio con Occidente a expensas del mercado chino ;
  3. su adhesión a una estrategia enfocada en la exportación de petróleo y gas natural en lugar de la creación de una economía diversificada ;
  4. su dependencia para con los oligarcas, esos tiburones financieros que son los encargados de reconstruir y dirigir el sector manufacturero de punta, pero que no poseen una verdadera experiencia con el desarrollo industrial, sin capacidad financiera, una cantidad insignificante de experiencia tecnológica y ningún sentido del marketing . A diferencia de los chinos, los oligarcas rusos dependen enteramente de la tecnología, de los mercados y de los servicios financieros occidentales. No han hecho mucho para desarrollar el mercado interno, autofinanciarse mediante la reinversión de sus beneficios y aumentar la productividad mediante el aprovechamiento de la tecnología y la investigación rusa.

En el contexto de las sanciones impuestas por Occidente, los oligarcas aliados a Putin son el eslabón más débil para formular una respuesta eficaz

Ellos instaban a Putin a ceder a las demandas de Washington, suplicando por su causa junto a los bancos occidentales para que sus bienes y sus cuentas quedaran exentas de sanciones. Buscaban desesperadamente cuidar sus activos en Londres y Nueva York. En resumen, querían a todo precio que el presidente Putin abandonara sus combates por la libertad en el sudoeste ucraniano y buscara un terreno de entendimiento junto a la junta de Kiev.

Se desprende una contradicción en la estrategia de Putin de trabajar con los oligarcas económicos, aquellos que aceptaron no oponerse al presidente en el interior del país, pero que han transferido su colosal fortuna a los bancos occidentales, invirtieron en proyectos inmobiliarios de lujo en Londres, París y Manhattan, estableciendo sus « lealtades » fuera de Rusia. De hecho, están estrechamente relacionados con el enemigo político actual de Putin. La victoria táctica de éste último, quien se sirvió de los oligarcas para llevar a cabo su plan de crecimiento y estabilidad, se volvió una debilidad estratégica en la defensa de Rusia contra las agobiantes de represalias en forma de medidas económicas.

La aceptación de Putin de las privatizaciones de la era Yeltsin le aseguraron cierta estabilidad a corto plazo, pero al mismo tiempo esto llevó a una masiva fuga de capitales al extranjero en lugar de ser invertidos en proyectos que aseguren una mayor autonomía.

Hoy en día la capacidad de crecimiento de la economía rusa y su resistencia a la presión imperialista es menor a que si el Estado hubiera estatizado toda la economía. Putin tendrá que luchar para convencer a los propietarios privados de las principales industrias rusas a hacer sacrificios, ya que están demasiado acostumbrados a obtener favores, subvenciones y contratos públicos. Por otra parte, como sus homólogos financieros de Occidente los presionan a pagar sus deudas y se niegan a otorgarles nuevos préstamos, las élites del sector privado amenazan con declararse en quiebra o reducir la producción y despedir trabajadores.

La creciente ola de invasiones militares occidentales en las fronteras de Rusia, la serie de promesas incumplidas en relación con la incorporación de la Europa del Este a la OTAN y el bombardeo y destrucción de Yugoslavia en la década de 1990 deben haber demostrado a Putin que ninguna concesión unilateral llevará a Occidente a considerar a Rusia como un socio legítimo. Washington y Bruselas están firmes en su estrategia de cercamiento de Rusia y su deseo de mantenerlo en su rol de cliente.

En lugar de girar hacia el oeste y prestar apoyo a las guerras de EE.UU y la OTAN, Rusia estaría en una mejor posición para resistir las actuales sanciones y amenazas militares si hubiera diversificado su economía y se hubiera volcado a los mercados asiáticos, especialmente a China, que está experimentando un crecimiento dinámico en su mercado interior, y su capacidad de inversión y experiencia técnica están en plena expansión. Está claro que la política exterior de China no va acompañada de guerras, invasiones aliadas a Rusia o sobre sus fronteras. Rusia sin duda ha aumentado sus lazos económicos con China en respuesta a las crecientes amenazas de la OTAN, pero ha perdido valioso tiempo y oportunidades en los últimos 15 años. Tomará al menos diez años reorientar la economía de Rusia, cuyas industrias principales están aún bajo los oligarcas y cleptócratas mediocres de la era Yeltsin.

El cierre de los mercados occidentales ha llevado a Putin a volcarse hacia China, otros países asiáticos y a América Latina para conseguir nuevos mercados y socios económicos. Pero su estrategia de crecimiento reposa aún en las exportaciones de petróleo y gas natural. Además, la mayor parte de las cúpulas empresariales del sector privado no son verdaderos emprendedores capaces de crear productos competitivos, de sustituir la tecnología rusa y de detectar mercados rentables. Los líderes empresariales rusos de esta generación no han construido de cero sus imperios y conglomerados. Tomaron los activos del sector público y han amasado su riqueza a través de contratos y extorsiones con el Estado. Moscú les demanda ahora la búsqueda de nuevos mercados en el extranjero, innovación, ser competitivos y de terminar con su dependencia de la maquinaria alemana.

La gran mayoría de aquellos que conforman la llamada clase de los capitalistas industriales rusos no son emprendedores. Se trata más de « coleccionistas de alquileres » y de amigos que favorecen a Occidente, a menudo mafiosos y jefes de guerra que lograron tempranamente a obligar a sus rivales a no meter las manos en los tesoros públicos durante la década del ´90. Aunque estos oligarcas hayan intentado ganar cierto respeto después de consolidar sus imperios económicos, contratando agencias de relaciones públicas para pulir su imagen y consejeros financieros para ayudarles a tomar decisión al invertir, jamás demostraron capacidad de volver sus empresas competitivas. Se mantuvieron totalmente dependientes de los mercados de capitales, de la tecnología y de las importaciones de Occidente, así como de los subsidios del gobierno de Putin.

Estos capitalistas de la renta contrastan contra los dinámicos emprendedores públicos y privados de China, quienes pidieron prestada tecnología de Estados Unidos, Japón, Taiwán y Alemania para adaptarse, mejorar y hacer productos muy competitivos. Cuando las sanciones impuestas por los EE.UU. y la UE entraron en vigor, la industria rusa no estaba preparada para confiar en la producción local y el presidente Putin tuvo que cerrar acuerdos comerciales y de importación con China y demás fuentes de abastecimiento.

El principal defectoen la estrategia económica de Putin fue erigir a Occidente como el motor de crecimiento para las exportaciones de petróleo y gas natural

Resultado : Rusia depende de los altos precios de las materias primas que exporta y de los mercados occidentales. Es desde esta perspectiva que los EE.UU y la UE explotan la vulnerabilidad de Rusia ante la mínima caída de los precios mundiales de la energía, así como su dependencia de las empresas mixtas con Occidente, y su tecnología de extracción y de perforación.

La política de Putin se basaba en una visión de integración económica con Occidente, con cooperación y conexiones políticas más estrechas con los poderes de la OTAN. El curso de los acontecimientos probó que esa idea era errónea : la cooperación de EE.UU y de la UE es estratégica y reposa sobre algunas concesiones asimétricas, incluso unilaterales, mientras que Rusia permanecía dispuesta a sacrificar sus aliados tradicionales en los Balcanes, Medio-Oriente, norte de África y, sobretodo, en el Cáucaso. Tan pronto como Rusia comenzó a hacer valer sus intereses, Occidente se mostró hostil y antagónico. Desde que se opuso al golpe de Estado en Kiev, el objetivo de Occidente fue de derrocar al gobierno de Putin. La actual ofensiva de Occidente contra Rusia no es efímera, es el comienzo de una confrontación económica y política prolongada que se intensificará.

A pesar de su vulnerabilidad, Rusia no está exenta de recursos y es capaz de resistir, defender su seguridad nacional y asegurar el crecimiento de su economía.

Conclusión : ¿qué debe hacer Rusia para salir adelante ?

Antes que nada, el país debe diversificar su economía. Debería transformar sus materias primas e invertir a fondo en la sustitución de importaciones occidentales por la producción local. Privilegiar los intercambios comerciales con China es un paso correcto, pero Rusia debe evitar retomar a estructura comercial del pasado : cambiar materias primas como petróleo y gas por productos manufacturados.

En Segundo lugar, Rusia debe renacionalizar su banca, su comercio exterior y sus industrias estratégicas, a fin de terminar con las lealtades políticas y económicas dudosas y con el comportamiento disfuncional de la clase privada capitalista que sólo buscan sacar ganancia. El gobierno de Putin debe deshacerse de los oligarcas que apoyan a los tecnócratas, hacerlos pasar de rentistas a emprendedores y dejar caer a los especuladores que invierten en Occidente el dinero ganado en Rusia, en lugar de poner énfasis en la coparticipación con los trabajadores. Dicho de otra manera, él debe intensificar el carácter nacional, público y productivo de la economía. Pretender que los oligarcas que habitan en Rusia y que proclaman su lealtad al gobierno de Putin sean actores económicos legítimos, no es suficiente. En general, ellos han retirado sus inversiones de Rusia, han transferido su fortuna al extranjero y han cuestionado la autoridad legítima del Estado bajo la presión de las sanciones occidentales.

Lo que le falta a Rusia es una nueva revolución política y económica, que llevará al gobierno a reconocer a Occidente como una amenaza imperialista y a tener más en cuenta a la organizada clase obrera rusa que a los oligarcas dudosos. El gobierno de Putin sacó a Rusia del abismo y le devolvió la dignidad y el respeto a su pueblo tras enfrentarse a la agresión Occidental en Ucrania. A partir de ahora, el presidente debe seguir adelante y desmantelar por completo el Estado cleptómano de la era Yeltsin, confiar en la reindustrialización, la diversificación de la economía y la puesta a punto de su propia tecnología.

Por encima de todo, Rusia debe desarrollar nuevas formas de democracia popular para la transición a un estado soberano antiimperialista cuya seguridad esté garantizada. El presidente Putin cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo ruso, tiene los profesionales y científicos necesita el país, tiene aliados en China y entre los países BRICS, y tiene la voluntad y el poder de hacer lo que se impone.

La pregunta sigue siendo si Putin cumplirá su misión histórica, o si por miedo e indecisión se rendirá a las amenazas de un Occidente en decadencia, ahora devenido en peligroso.

James Petras

Original  : « Russia’s Vulnerability to EU – US Sanctions and Military Encroachments », Global Research, 09-11-2014.

Traducción del francés para El Correo de : Julián Sergnese

* James Petras (Boston, Estados Unidos, 17 de enero de 1937) es un sociólogo estadounidense conocido por sus estudios sobre el imperialismo, la lucha de clases y los conflictos latinoamericanos. Ha sido profesor de la Binghamton University de Nueva York, la Universidad de Pensilvania, y profesor adjunto en Saint Mary’s University, de Halifax (Canadá).

El Correo. Paris, 21 de noviembre de 2014.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia Creative Commons. Atribución según los términos Sin modificación – No Comercial – Sin Derivadas 3.0 Unported. Basada en una obra de www.elcorreo.eu.org.

Retour en haut de la page

El Correo

|

Patte blanche

|

Plan du site

| |

création réalisation : visual-id